
Nadie entiende que un Sevilla FC que ha ganado lo que ha ganado desde 2006, que se ha convertido en un fijo en las últimas ediciones de la Liga de Campeones, que ha contado con diez mundialistas en Catar 2022 y que tiene en su vestuario a tres integrantes de la campeona del mundo atraviese una situación deportivo-institucional impropia de todo lo anterior.
A nadie extrañaría esta situación décadas atrás, pero con un presupuesto de más de 200 millones de euros, con más de 400 empleados y un consejo de administración tan bien retribuido… Una situación que muchos comparan con la vivida en la temporada 96/97. Una coyuntura que el Sevilla FC calca 26 años después.
Bebeto-Isco: Tras evitar el descenso en la 95/96, el Sevilla FC hizo
De Caldas-Castro: Quede claro que en este apartado se compara la situación institucional del Sevilla de uno y otro. Sin entrar en cuestiones que mejor debatir en otros foros. Dos equipos a los que tanto afecta la incapacidad de sus dirigentes para el buen gobierno de la entidad. Si De Caldas y el famoso paquete maldito tiraban de chequera para arreglarlo todo, Castro se escuda en Monchi para lo mismo. Dos gestores en el punto de mira de una hinchada y de unos accionistas que no confiaban, ni confían, en los que mandan. De Caldas se fue tras una Junta de Accionistas que pasó a la historia. Perfectamente orquestada por Del Nido y que le dio el sillón de presidente a Rafael Carrión, mientras que Castro ya busca los apoyos y acuerdos necesarios para pactar una salida más o menos digna del cargo que regenta desde 2014. Sin Caldas, el Sevilla tardó varios años en ser un club bien gestionado y con capacidad para ser competitivo. Si se va Castro y vuelve Del Nido, habrá que ver qué sucede con una entidad que, curiosamente, vuelve a pagar muy caro la entrada de elementos extraños en su consejo de administración (A3 y los ‘americanos’).
Bilardo-Sampaoli: Amortizado Lopetegui, en el Sevilla pensaban que Jorge Sampaoli era la mejor opción para reflotar una nave a la deriva desde el año pasado. Un técnico con buenos números en su primera etapa en el cuadro blanco, libre y conocedor de la realidad de una entidad que hizo lo mismo tras el cese de José Antonio Camacho. Entonces, Bilardo fue el elegido para evitar un descenso cantado. El campeón del mundo con Argentina duró cuatro partidos por estos lares. Tras el 1-4 ante el Logroñés, se marchó ante su incapacidad para ser ese revulsivo que todos esperaban. Más o menos lo que muchos piensan que pasa por la cabeza de Sampaoli. Con la diferencia de la espera de refuerzos prometidos y que nunca llegan. Posiblemente, lo único que parece mantener pegado al de Casilda al banquillo sevillista.
Rubio-¿Caparrós?: Y si en 1997 Julián Rubio, técnico del Sevilla Atlético por aquel entonces, se convertía en el entrenador de un Sevilla FC con pie y medio en Segunda, hace unas horas todos apuntaban a Joaquín Caparrós como último asidero ante la falta de resultados ligueros. El manchego estuvo cerca de obrar el milagro. Gracias a mucho canterano y a varias victorias en Nervión. Una de ellas, ante el Rayo Vallecano, la tarde en la que se dieron cita en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán más de 70.000 espectadores. Caparrós ya ha ejercido de apagafuegos en una ocasión, un papel que igual vuelve a ejercer tras quedarse sin trabajo después de si paso por la selección de Armenia.
Con todavía medio curso por delante, a ver si en el Sevilla FC son capaces de evitar que dentro de unos meses tengamos que acordarnos de lo sucedido el 1 de junio de 1997 para completar un círculo que, a estas alturas de temporada, parece camino de cerrarse de la misma manera.
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