Historias del fútbol
Re: Historias del fútbol
Nervión, Domingo de Ramos de 1987: el Valladolid de Azkargorta gana al Sevilla con el meta Wirth de defensa central
Un extraño Domingo de Ramos sin fútbol de alta competición en Sevilla ('Domingo...' en el que se han llegado a disputar hasta cuatro 'derbis' en los últimos 46 años con balance de 2-2, ya hablaremos...) da para recordar uno de los más insólitos sucesos que se hayan producido en el fútbol español de grandes clubes... y que se produjo exactamente en el 'Estadio Ramón-Sánchez Pizjuán'.
Fue en un Domingo de Ramos casi sumergido ya en el océano del tiempo; el 12 de abril de 1987, en partido de Primera División de la llamada 'Liga del Playoff' 1986-87 y se trató del triunfo del Real Valladolid en el recinto sevillista por 1-2, algo nada descabellado en sí mismo... de no ser porque el equipo de Pucela, al que entonces dirigía el vasco Xabier Azkargorta (hoy, ciudadano de Bolivia, ya se ve) formó y ganó el partido con un buen portero en el puesto de defensa central.
Y tampoco se trató de cualquier guardameta. Fue Óscar Raul Wirth Lafuente, 'El Chino', por la apariencia de su rostro: Santiago de Chile, 5.11.1955; después, entrenador. Fernando Wirth, padre de Óscar, jugó de defensa en la Primera División chilena, en 'Santiago Morning'. Rainer Wirth, hijo de Óscar, ha sido hasta hace poco portero con buena trayectoria en la máxima categoría de Chile. Y su hija Beatriz, 'Bea Wirth', muy parecida a 'El Chino', es hoy seleccionadora nacional del equipo femenino de Chile en hockey sobre hierba, después de haber sido guardameta internacional en este mismo deporte.
Wirth, el arquero en cuestión, fue internacional 'A' con 'La Roja' de Chile en una docena de ocasiones. Figuró en las actas del Mundial de España/1982 con el número '1' de Chile, aunque no interviniese en ninguna de las tres derrotas de 'La Roja' en el Mundial español, ante Austria (0-1), República Federal de Alemania (1-4) y... Argelia: 2-3. Óscar Luis Santibáñez, 'Luisandi' o 'Yoyo', mítico director técnico y Seleccionador de Chile hizo jugar en aquellos compromisos de Oviedo y Gijón al hoy fallecido Mario Osbén, entonces en Colo-Colo y al que se consideraba 'el mejor portero de Chile'.
En Chile, Wirth, de 184/185 centímetros de altura defendió los marcos de Universidad Católica, Colo-Colo, Cobreloa, Everton, Universidad de Chile (donde, entre 1983-85 tuvo de compañero a un defensa llamado Manuel Luis Pellegrini...) y, en fin y en 1985, el 'Provincial Osorno', de donde ya fue buscado para ir a la Bundesliga 1985-86, al Rot-Weiss, 'Rojo-blanco', Oberhausen [hoy, en 'Regionalliga'] por el trotamundos técnico yugoslavo -serbio- Slobodan Cendic.
En el verano de 1986, Vicente Cantatore otro ciudadano de Chile -curioso el cruce de caminos Cantatore/Wirth/Azkargorta/Nervión- hizo contratar a Óscar Wirth para Pucela desde Oberhausen, donde Óscar jugaba poco y estaba harto del clima, con la 'cantatoresca' intención de que Wirth aportara bajo palos del Valladolid la estabilidad que a veces se echaba a faltar en el desempeño del hasta ahí meta titular en Pucela: Carlos Alberto, 'El Loco' Fenoy, pero Cantatore también se hartó de promesas. Se sentía defraudado en un Real Valladolid al que ya había hecho décimo en 1985-86, con buen trabajo -y adonde ya había llevado a otros dos internacionales chilenos, Jorge Aravena y Patricio 'Pato' Yáñez-... y abandonó el club tras caer por 2-0 en Las Palmas en el turno inaugural del Campeonato 1986-87, justo cuando el Sevilla de Luis Cuervas arrancaba en sus primeros pasos competitivos de la mano de 'Jock Wallace Jr.', toda una leyenda en los banquillos de... Escocia.
AZKARGORTA: HACIA NERVIÓN
Al marcharse Cantatore el primer día de septiembre de 1986, sin perder un minuto tras la derrota en el 'Estadio Insular' grancanario, el Valladolid contrató en su reemplazo nada menos que a Francisco Javier Azcargorta Uriarte. Es decir, 'Xabier Azkargorta', ingenioso médico donostiarra (exactamente y como Ignacio de Loyola, de Azpeitia, 26.9.1953), que había hecho historia en la temporada 1983-84 al convertirse, al frente del banquillo del RCD Espanyol y con sólo 29 años en el técnico más joven en dirigir en Primera División.
Dejemos que sea el propio Azkargorta, hoy residente en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, el que sintetice -lo hizo en 2021, a Enrique Ortego- aquellos postreros años 80 que desembocaron también para Azkargorta -casi increíblemente-... en el banquillo de Nervión:
"Había decidido dejar el fútbol y dedicarme a la medicina. Se había ido Cantatore porque no le daban los jugadores que pedía. Llegué tras la primera jornada. Todo salió bien. Fue el año del play-off y nos clasificamos para el grupo del medio, el de los solteros contra casados. Ni era para luchar por la Liga, ni para descender. Ahí fue cuando en un partido contra el Sevilla en el Pizjuán puse al portero chileno Óscar Wirth de central y fue el mejor sobre el campo.
(Sevilla 1987-89)... "El recuerdo es fantástico, pero me enfrenté con el presidente, que le llamaban ‘caragato’ y 'el juguetero' (Luis Cuervas). No eran claros en el objetivo que querían. Conocí a Del Nido, que era vicepresidente. Llegué con la pretemporada hecha. La había hecho Wallace, el escocés. Debuté contra el Betis y perdimos en casa. Y a la semana siguiente ganamos en el Camp Nou al Barça. El inicio fue duro. La segunda temporada llegaron Dassaev y Polster. Tenía que haber aprendido a callarme algunas cosas".
'ESTADIO RAMÓN SÁNCHEZ-PIZJUÁN', 12.4.1987
Con Azkargorta y Wallace a los mandos, Sevilla y Valladolid habían repartido victorias en el tramo inicial de esa 'Liga del Play-Off', 1986-87: 1-0 en Pucela y 2-1 para el Sevilla, esto último ya tan cerca del Domingo de Ramos como el domingo 1 de marzo de 1987.
El 12 de abril de 1987, jornada 35ª, en pleno mediodía, a la luz cenital de un radiante Domingo de Ramos y con bastante floja entrada en las tribunas de Nervión -ambiente casi de partido de pretemporada o veraniego-, la sorpresa de periodistas y técnicos 'exteriores' -cabe suponer que de los mismos jugadores implicados- resultó mayúscula. Frente al Sevilla de Wallace, tres puntos por arriba [34-31], los dos rivales en ese 'Grupo B' de la llamada 'Liga del Play-Off', que Azkargorta calificaría como de 'solteros contra casados', el médico y técnico de Azpeitia disponía a un Valladolid sin sus estrellas defensivas Manolo Hierro, Juan Carlos Rodríguez -ya rumbo al Atlético de Madrid- o sin el emergente atacante Onésimo Sánchez... pero con el guardameta Óscar Wirth -que no se había alineado un solo minuto bajo los palos en 1986-87, eclipsado por el halo del 'Loco' Fenoy- ¡¡como defensa central!!. El Sevilla salía con: Fernando Peralta; Manolo Zambrano, Antonio Álvarez, Nando (Ruda) Manuel Jíménez; José Luis Benítez (de Alcalá de Guadaira), Jesús Choya, Ted McMinn (Amaro Carlos Nadal); Moisés, Ramón Vázquez y Cholo.
Entre la conmoción general, venció el Valladolid por 1-2, goles del punta gallego Peña, veloz y resolutivo -y tempranamente fallecido, en 2012-, en los minutos 6 y 46. Un minuto después del segundo gol de Peña, José Luis ajustó distancias con el 1-2... pero desde ahí, el Sevilla ya no hizo más que sufrir contragolpes visitantes y estrellarse en impotencia ante una defensa morada en la que el 'cacique' era... Óscar Wirth. El Valladolid no ganaba fuera de casa desde el mes de septiembre, cuando se impuso por idéntico resultado (1-2) a la Real Sociedad en el viejo 'Atocha'.
El 'ranger' Jock Wallace, entrenador del Sevilla en ese Domingo de Ramos, hablaba muy claro, aunque fuese en inglés con fortísimo acento escocés; Jock nunca aprendió español y eso le costaría el cargo, algunos meses más adelante, en Cádiz, en un peripatético 'Trofeo Ramón de Carranza'. En Sala de Prensa de Nervión, Wallace soltó: "Hemos tenido suerte de no perder por 1-6".
LAS EXPLICACIONES
De su teórica defensa titular en Pucela, Azkargorta sólo contaba con el lateral derecho Juan Antonio Torrecilla. Javier Sánchez Valles (que ese mismo verano ficharía por el Betis de Gerardo Martínez Retamero, junto a 'Pato' Yáñez, en cierto histórico momento para los medios sevillanos) y el central Pablo Martín Sáez eran suplentes. Esa misma temporada 86-87, hasta abril, Martín Sáez sólo había jugado un total de 180 minutos. Azkargorta pensaba -piensa- mucho. Hasta que tomó 'la decisión de Wirth'. La explicaría así en 'El País', a Luis Miguel de Dios.
"La idea no surgió de la nada... en los entrenamientos de cada semana, al haber tres porteros, y en los '11 contra 11', Óscar ha actuado a veces de defensa y lo ha hecho con soltura. Cuando jugaba en Chile, también jugó de lateral derecho y de defensa central, hasta los 15 años. Por tanto, esta opción no es completamente ajena a Wirth".
Pero sí fue completamente inesperado que Óscar Wirth tuviera que volver a jugar en esa posición en un partido del más importante Campeonato de Liga en Europa... que el Valladolid ganó en Nervión con dos porteros al mismo tiempo como jugadores de campo.
Todavía hoy en los medios vallisoletanos se especula con que el Real Valladolid liquidó a Azkargorta a final de temporada, en el verano de 1987, por 'la frivolidad' que supuso la alineación de Wirth como defensa central, afirma 'El Norte de Castilla'. Y eso, aunque se ganó el partido. En 1987-88, ya con Xabier Azkargorta en el Sevilla de Cuervas... y Vicente Cantatore de regreso a Valladolid, Wirth volvió a verse sin apenas oportunidades, aunque Fenoy cumpliera los 39 años casi al comienzo de temporada. Con su 'patrón' Cantatore, Wirth sólo jugó -siempre de portero- seis de los 38 partidos de una Liga que regresó al formato 'clásico'. Firmó bajo palos dos victorias y cuatro derrotas, incluida entre estas últimas la victoria del Real Madrid sobre el Real Valladolid por 2-1 en el Estadio 'Santiago Bernabéu', el adiós a la temporada 1987-88.
Un extraño Domingo de Ramos sin fútbol de alta competición en Sevilla ('Domingo...' en el que se han llegado a disputar hasta cuatro 'derbis' en los últimos 46 años con balance de 2-2, ya hablaremos...) da para recordar uno de los más insólitos sucesos que se hayan producido en el fútbol español de grandes clubes... y que se produjo exactamente en el 'Estadio Ramón-Sánchez Pizjuán'.
Fue en un Domingo de Ramos casi sumergido ya en el océano del tiempo; el 12 de abril de 1987, en partido de Primera División de la llamada 'Liga del Playoff' 1986-87 y se trató del triunfo del Real Valladolid en el recinto sevillista por 1-2, algo nada descabellado en sí mismo... de no ser porque el equipo de Pucela, al que entonces dirigía el vasco Xabier Azkargorta (hoy, ciudadano de Bolivia, ya se ve) formó y ganó el partido con un buen portero en el puesto de defensa central.
Y tampoco se trató de cualquier guardameta. Fue Óscar Raul Wirth Lafuente, 'El Chino', por la apariencia de su rostro: Santiago de Chile, 5.11.1955; después, entrenador. Fernando Wirth, padre de Óscar, jugó de defensa en la Primera División chilena, en 'Santiago Morning'. Rainer Wirth, hijo de Óscar, ha sido hasta hace poco portero con buena trayectoria en la máxima categoría de Chile. Y su hija Beatriz, 'Bea Wirth', muy parecida a 'El Chino', es hoy seleccionadora nacional del equipo femenino de Chile en hockey sobre hierba, después de haber sido guardameta internacional en este mismo deporte.
Wirth, el arquero en cuestión, fue internacional 'A' con 'La Roja' de Chile en una docena de ocasiones. Figuró en las actas del Mundial de España/1982 con el número '1' de Chile, aunque no interviniese en ninguna de las tres derrotas de 'La Roja' en el Mundial español, ante Austria (0-1), República Federal de Alemania (1-4) y... Argelia: 2-3. Óscar Luis Santibáñez, 'Luisandi' o 'Yoyo', mítico director técnico y Seleccionador de Chile hizo jugar en aquellos compromisos de Oviedo y Gijón al hoy fallecido Mario Osbén, entonces en Colo-Colo y al que se consideraba 'el mejor portero de Chile'.
En Chile, Wirth, de 184/185 centímetros de altura defendió los marcos de Universidad Católica, Colo-Colo, Cobreloa, Everton, Universidad de Chile (donde, entre 1983-85 tuvo de compañero a un defensa llamado Manuel Luis Pellegrini...) y, en fin y en 1985, el 'Provincial Osorno', de donde ya fue buscado para ir a la Bundesliga 1985-86, al Rot-Weiss, 'Rojo-blanco', Oberhausen [hoy, en 'Regionalliga'] por el trotamundos técnico yugoslavo -serbio- Slobodan Cendic.
En el verano de 1986, Vicente Cantatore otro ciudadano de Chile -curioso el cruce de caminos Cantatore/Wirth/Azkargorta/Nervión- hizo contratar a Óscar Wirth para Pucela desde Oberhausen, donde Óscar jugaba poco y estaba harto del clima, con la 'cantatoresca' intención de que Wirth aportara bajo palos del Valladolid la estabilidad que a veces se echaba a faltar en el desempeño del hasta ahí meta titular en Pucela: Carlos Alberto, 'El Loco' Fenoy, pero Cantatore también se hartó de promesas. Se sentía defraudado en un Real Valladolid al que ya había hecho décimo en 1985-86, con buen trabajo -y adonde ya había llevado a otros dos internacionales chilenos, Jorge Aravena y Patricio 'Pato' Yáñez-... y abandonó el club tras caer por 2-0 en Las Palmas en el turno inaugural del Campeonato 1986-87, justo cuando el Sevilla de Luis Cuervas arrancaba en sus primeros pasos competitivos de la mano de 'Jock Wallace Jr.', toda una leyenda en los banquillos de... Escocia.
AZKARGORTA: HACIA NERVIÓN
Al marcharse Cantatore el primer día de septiembre de 1986, sin perder un minuto tras la derrota en el 'Estadio Insular' grancanario, el Valladolid contrató en su reemplazo nada menos que a Francisco Javier Azcargorta Uriarte. Es decir, 'Xabier Azkargorta', ingenioso médico donostiarra (exactamente y como Ignacio de Loyola, de Azpeitia, 26.9.1953), que había hecho historia en la temporada 1983-84 al convertirse, al frente del banquillo del RCD Espanyol y con sólo 29 años en el técnico más joven en dirigir en Primera División.
Dejemos que sea el propio Azkargorta, hoy residente en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, el que sintetice -lo hizo en 2021, a Enrique Ortego- aquellos postreros años 80 que desembocaron también para Azkargorta -casi increíblemente-... en el banquillo de Nervión:
"Había decidido dejar el fútbol y dedicarme a la medicina. Se había ido Cantatore porque no le daban los jugadores que pedía. Llegué tras la primera jornada. Todo salió bien. Fue el año del play-off y nos clasificamos para el grupo del medio, el de los solteros contra casados. Ni era para luchar por la Liga, ni para descender. Ahí fue cuando en un partido contra el Sevilla en el Pizjuán puse al portero chileno Óscar Wirth de central y fue el mejor sobre el campo.
(Sevilla 1987-89)... "El recuerdo es fantástico, pero me enfrenté con el presidente, que le llamaban ‘caragato’ y 'el juguetero' (Luis Cuervas). No eran claros en el objetivo que querían. Conocí a Del Nido, que era vicepresidente. Llegué con la pretemporada hecha. La había hecho Wallace, el escocés. Debuté contra el Betis y perdimos en casa. Y a la semana siguiente ganamos en el Camp Nou al Barça. El inicio fue duro. La segunda temporada llegaron Dassaev y Polster. Tenía que haber aprendido a callarme algunas cosas".
'ESTADIO RAMÓN SÁNCHEZ-PIZJUÁN', 12.4.1987
Con Azkargorta y Wallace a los mandos, Sevilla y Valladolid habían repartido victorias en el tramo inicial de esa 'Liga del Play-Off', 1986-87: 1-0 en Pucela y 2-1 para el Sevilla, esto último ya tan cerca del Domingo de Ramos como el domingo 1 de marzo de 1987.
El 12 de abril de 1987, jornada 35ª, en pleno mediodía, a la luz cenital de un radiante Domingo de Ramos y con bastante floja entrada en las tribunas de Nervión -ambiente casi de partido de pretemporada o veraniego-, la sorpresa de periodistas y técnicos 'exteriores' -cabe suponer que de los mismos jugadores implicados- resultó mayúscula. Frente al Sevilla de Wallace, tres puntos por arriba [34-31], los dos rivales en ese 'Grupo B' de la llamada 'Liga del Play-Off', que Azkargorta calificaría como de 'solteros contra casados', el médico y técnico de Azpeitia disponía a un Valladolid sin sus estrellas defensivas Manolo Hierro, Juan Carlos Rodríguez -ya rumbo al Atlético de Madrid- o sin el emergente atacante Onésimo Sánchez... pero con el guardameta Óscar Wirth -que no se había alineado un solo minuto bajo los palos en 1986-87, eclipsado por el halo del 'Loco' Fenoy- ¡¡como defensa central!!. El Sevilla salía con: Fernando Peralta; Manolo Zambrano, Antonio Álvarez, Nando (Ruda) Manuel Jíménez; José Luis Benítez (de Alcalá de Guadaira), Jesús Choya, Ted McMinn (Amaro Carlos Nadal); Moisés, Ramón Vázquez y Cholo.
Entre la conmoción general, venció el Valladolid por 1-2, goles del punta gallego Peña, veloz y resolutivo -y tempranamente fallecido, en 2012-, en los minutos 6 y 46. Un minuto después del segundo gol de Peña, José Luis ajustó distancias con el 1-2... pero desde ahí, el Sevilla ya no hizo más que sufrir contragolpes visitantes y estrellarse en impotencia ante una defensa morada en la que el 'cacique' era... Óscar Wirth. El Valladolid no ganaba fuera de casa desde el mes de septiembre, cuando se impuso por idéntico resultado (1-2) a la Real Sociedad en el viejo 'Atocha'.
El 'ranger' Jock Wallace, entrenador del Sevilla en ese Domingo de Ramos, hablaba muy claro, aunque fuese en inglés con fortísimo acento escocés; Jock nunca aprendió español y eso le costaría el cargo, algunos meses más adelante, en Cádiz, en un peripatético 'Trofeo Ramón de Carranza'. En Sala de Prensa de Nervión, Wallace soltó: "Hemos tenido suerte de no perder por 1-6".
LAS EXPLICACIONES
De su teórica defensa titular en Pucela, Azkargorta sólo contaba con el lateral derecho Juan Antonio Torrecilla. Javier Sánchez Valles (que ese mismo verano ficharía por el Betis de Gerardo Martínez Retamero, junto a 'Pato' Yáñez, en cierto histórico momento para los medios sevillanos) y el central Pablo Martín Sáez eran suplentes. Esa misma temporada 86-87, hasta abril, Martín Sáez sólo había jugado un total de 180 minutos. Azkargorta pensaba -piensa- mucho. Hasta que tomó 'la decisión de Wirth'. La explicaría así en 'El País', a Luis Miguel de Dios.
"La idea no surgió de la nada... en los entrenamientos de cada semana, al haber tres porteros, y en los '11 contra 11', Óscar ha actuado a veces de defensa y lo ha hecho con soltura. Cuando jugaba en Chile, también jugó de lateral derecho y de defensa central, hasta los 15 años. Por tanto, esta opción no es completamente ajena a Wirth".
Pero sí fue completamente inesperado que Óscar Wirth tuviera que volver a jugar en esa posición en un partido del más importante Campeonato de Liga en Europa... que el Valladolid ganó en Nervión con dos porteros al mismo tiempo como jugadores de campo.
Todavía hoy en los medios vallisoletanos se especula con que el Real Valladolid liquidó a Azkargorta a final de temporada, en el verano de 1987, por 'la frivolidad' que supuso la alineación de Wirth como defensa central, afirma 'El Norte de Castilla'. Y eso, aunque se ganó el partido. En 1987-88, ya con Xabier Azkargorta en el Sevilla de Cuervas... y Vicente Cantatore de regreso a Valladolid, Wirth volvió a verse sin apenas oportunidades, aunque Fenoy cumpliera los 39 años casi al comienzo de temporada. Con su 'patrón' Cantatore, Wirth sólo jugó -siempre de portero- seis de los 38 partidos de una Liga que regresó al formato 'clásico'. Firmó bajo palos dos victorias y cuatro derrotas, incluida entre estas últimas la victoria del Real Madrid sobre el Real Valladolid por 2-1 en el Estadio 'Santiago Bernabéu', el adiós a la temporada 1987-88.
Re: Historias del fútbol
Algunas anécdotas futboleras (1)
Tiempo hacía que no escribía en este hilo y lo quiero retomar con una serie de anécdotas que he encontrado por ahí (a dos por post)
El guardameta manco
Poco antes del comienzo del campeonato argentino de primera división de 1906, el guardameta José Buruca
se fue al club Alumni dejando a su ex-equipo, Barracas Athletic (hoy desaparecido), sin un guardameta titular.
Ante esta contingencia, el Barracas se vio obligado a probar jugadores de campo en la portería. Como ninguno se
destacaba en esa función, cada partido se experimentaba con un nuevo candidato para el puesto vacante. El 26 de agosto,
los del Barracas debían jugar en la localidad de Campana —a unos 60 km al norte de Buenos Aires— contra el Reformer,
un modesto conjunto compuesto por empleados de una marca de frigoríficos.
Solamente ocho jugadores barraquistas se presentaron en la estación de trenes para efectuar el viaje hacia el campo rival.
De camino, a la hora de plantear una estrategia para contrarrestar la desventaja numérica, se le encomendó la difícil tarea
de custodiar los tres palos a Winston Coe, uno de los socios fundadores del club, quien habitualmente se desempeñaba como defensa.
Ya en el partido, la estrategia instrumentada por el disminuido Barracas sirvió de poco frente al once completo del Reformer,
que se adjudicó una inapelable victoria por 11 a 0. Sin embargo, las crónicas periodísticas de la época ensalzaron la labor de Coe quien,
a pesar de contar con una deficiencia física insólita, evitó que el Barracas sufriera una paliza aún mayor. Y no era para menos,
ya que al improvisado guardameta... ¡le faltaba el brazo izquierdo!
El árbitro a caballo
La final del torneo de Segunda División de 1925 de la ciudad argentina de Córdoba las disputaron los clubes locales Vélez Sarsfield y Peñarol.
El choque definitivo se pactó en un pequeño campo del barrio El Abrojal, y se designó a Carlos Libertario Linossi para arbitar el trascendental desafío.
A los 30 min. de la segunda parte, con el marcador 1-1, Peñarol consiguió el gol que lo catapultaba a la división de honor del fútbol cordobés.
Pero eso no gustó a los hinchas del Vélez Sarsfield que ante la falta de vallado de seguridad, saltaron al campo de juego para atizarles
a los jugadores rivales, quienes a su vez fueron defendidos por los suyos. En medio de una bronca descomunal, Linossi montó el caballo
con el que se había trasladado al lugar y comenzó a despejar, a empellones, a los enfurecidos seguidores. La bravura del jinete consiguió el
milagro del retorno de la calma para que el encuentro prosiguiera sin nuevos disturbios. Hasta el último minuto, el hombre de negro continuó pitando
sentado en el lomo de su corcel. Fue el primer árbitro con cuatro patas.
Tiempo hacía que no escribía en este hilo y lo quiero retomar con una serie de anécdotas que he encontrado por ahí (a dos por post)
El guardameta manco
Poco antes del comienzo del campeonato argentino de primera división de 1906, el guardameta José Buruca
se fue al club Alumni dejando a su ex-equipo, Barracas Athletic (hoy desaparecido), sin un guardameta titular.
Ante esta contingencia, el Barracas se vio obligado a probar jugadores de campo en la portería. Como ninguno se
destacaba en esa función, cada partido se experimentaba con un nuevo candidato para el puesto vacante. El 26 de agosto,
los del Barracas debían jugar en la localidad de Campana —a unos 60 km al norte de Buenos Aires— contra el Reformer,
un modesto conjunto compuesto por empleados de una marca de frigoríficos.
Solamente ocho jugadores barraquistas se presentaron en la estación de trenes para efectuar el viaje hacia el campo rival.
De camino, a la hora de plantear una estrategia para contrarrestar la desventaja numérica, se le encomendó la difícil tarea
de custodiar los tres palos a Winston Coe, uno de los socios fundadores del club, quien habitualmente se desempeñaba como defensa.
Ya en el partido, la estrategia instrumentada por el disminuido Barracas sirvió de poco frente al once completo del Reformer,
que se adjudicó una inapelable victoria por 11 a 0. Sin embargo, las crónicas periodísticas de la época ensalzaron la labor de Coe quien,
a pesar de contar con una deficiencia física insólita, evitó que el Barracas sufriera una paliza aún mayor. Y no era para menos,
ya que al improvisado guardameta... ¡le faltaba el brazo izquierdo!
El árbitro a caballo
La final del torneo de Segunda División de 1925 de la ciudad argentina de Córdoba las disputaron los clubes locales Vélez Sarsfield y Peñarol.
El choque definitivo se pactó en un pequeño campo del barrio El Abrojal, y se designó a Carlos Libertario Linossi para arbitar el trascendental desafío.
A los 30 min. de la segunda parte, con el marcador 1-1, Peñarol consiguió el gol que lo catapultaba a la división de honor del fútbol cordobés.
Pero eso no gustó a los hinchas del Vélez Sarsfield que ante la falta de vallado de seguridad, saltaron al campo de juego para atizarles
a los jugadores rivales, quienes a su vez fueron defendidos por los suyos. En medio de una bronca descomunal, Linossi montó el caballo
con el que se había trasladado al lugar y comenzó a despejar, a empellones, a los enfurecidos seguidores. La bravura del jinete consiguió el
milagro del retorno de la calma para que el encuentro prosiguiera sin nuevos disturbios. Hasta el último minuto, el hombre de negro continuó pitando
sentado en el lomo de su corcel. Fue el primer árbitro con cuatro patas.
Junior: ni sabes, ni quieres ni puedes.
Re: Historias del fútbol
Algunas anécdotas futboleras (2)
El mudo que ‘insultó’ al árbitro
El 8 de noviembre de 1972, en la liga argentina, Huracán superaba como local a Estudiantes de La
Plata 2 a 0. Los “pinchas” pugnaban por el empate, y, poco antes del final del primer tiempo, el árbitro
Washington Mateo pitó un penalti para los visitantes. Sin embargo, a instancias de uno de los jueces de
línea, Mateo se retractó y señaló falta para Huracán. La decisión disgustó a los jugadores
albirrojos, que desaprobaron la decisión con enérgicos gestos y términos soeces dirigidos hacia el
hombre de negro. En medio del revuelo, el trencilla sacó la tarjeta roja y se la mostró al volante central
Carlos Alberto de Marta, de quien creyó haber escuchado un claro y grosero insulto. El match prosiguió
y Huracán, con la diferencia numérica a su favor, acabó imponiéndose por un rotundo 5 a 1. Mateo elevó su informe y una
semana después De Marta fue citado a declarar por el Tribunal de Disciplina. El jugador se presentó en
la sede de la entidad y, un día después, lo que pudo haber sido una dura sanción se diluyó en una simple
amonestación. ¿Por qué? El tribunal consideró que De Marta difícilmente pudo articular una injuria
claramente audible por Mateo, no solo por el follón que imperaba en ese momento en el estadio,
sino porque el jugador era sordomudo de nacimiento.
Infidelidad en directo
El Genoa luchaba por el ascenso a la Serie A italiana. El 28 de abril de 2000, en casa, frente al Atalanta
de Bérgamo —uno de los punteros de aquel campeonato—, había que ganar o ganar. El choque, cargado de
roces, nervios y juego duro, se evaporaba igualado a un tanto, hasta que el veloz delantero Davide
Nicola trazó una diagonal fulminante que definió con maestría ante la salida estéril del portero
visitante, Alberto Fontana. Para celebrarlo, el goleador extendió su alocada carrera hasta un
costado del campo, donde había un grupo de policías, y se arrojó sobre una rubia y bella
agente del orden, a quien besó apasionadamente. Era —reconoció luego el futbolista al periodista de la
televisión situado en el campo de juego— una “amante” que había “caído en la red”. Nicola no recibió ninguna amonestación
por tan apasionado festejo, pero quien sí vio la tarjeta roja fue la policía: su esposo, que miraba el partido
en directo por TV, la llamó de inmediato al móvil y la expulsó del terreno conyugal.
El mudo que ‘insultó’ al árbitro
El 8 de noviembre de 1972, en la liga argentina, Huracán superaba como local a Estudiantes de La
Plata 2 a 0. Los “pinchas” pugnaban por el empate, y, poco antes del final del primer tiempo, el árbitro
Washington Mateo pitó un penalti para los visitantes. Sin embargo, a instancias de uno de los jueces de
línea, Mateo se retractó y señaló falta para Huracán. La decisión disgustó a los jugadores
albirrojos, que desaprobaron la decisión con enérgicos gestos y términos soeces dirigidos hacia el
hombre de negro. En medio del revuelo, el trencilla sacó la tarjeta roja y se la mostró al volante central
Carlos Alberto de Marta, de quien creyó haber escuchado un claro y grosero insulto. El match prosiguió
y Huracán, con la diferencia numérica a su favor, acabó imponiéndose por un rotundo 5 a 1. Mateo elevó su informe y una
semana después De Marta fue citado a declarar por el Tribunal de Disciplina. El jugador se presentó en
la sede de la entidad y, un día después, lo que pudo haber sido una dura sanción se diluyó en una simple
amonestación. ¿Por qué? El tribunal consideró que De Marta difícilmente pudo articular una injuria
claramente audible por Mateo, no solo por el follón que imperaba en ese momento en el estadio,
sino porque el jugador era sordomudo de nacimiento.
Infidelidad en directo
El Genoa luchaba por el ascenso a la Serie A italiana. El 28 de abril de 2000, en casa, frente al Atalanta
de Bérgamo —uno de los punteros de aquel campeonato—, había que ganar o ganar. El choque, cargado de
roces, nervios y juego duro, se evaporaba igualado a un tanto, hasta que el veloz delantero Davide
Nicola trazó una diagonal fulminante que definió con maestría ante la salida estéril del portero
visitante, Alberto Fontana. Para celebrarlo, el goleador extendió su alocada carrera hasta un
costado del campo, donde había un grupo de policías, y se arrojó sobre una rubia y bella
agente del orden, a quien besó apasionadamente. Era —reconoció luego el futbolista al periodista de la
televisión situado en el campo de juego— una “amante” que había “caído en la red”. Nicola no recibió ninguna amonestación
por tan apasionado festejo, pero quien sí vio la tarjeta roja fue la policía: su esposo, que miraba el partido
en directo por TV, la llamó de inmediato al móvil y la expulsó del terreno conyugal.
Junior: ni sabes, ni quieres ni puedes.
Re: Historias del fútbol
Seguro que el portero manco paraba más que Dmitrovic.
Re: Historias del fútbol
Algunas anécdotas futboleras (3)
El técnico que dirigía con pañuelos de colores
El 17 de octubre de 1943 se disputó la primera jornada del flamante torneo profesional de México. Esta
nueva era del fútbol azteca, sostenida por mecenas acaudalados y grandes empresas, atrajo, como la
miel a las moscas, a muchos veteranos futbolistas argentinos, ávidos de ganar una buena suma para su
retiro. Uno de ellos fue el centrodelantero Marcos Aurelio, quien dejó Vélez Sarsfield para sumarse al
club León. Allí, Aurelio tuvo un entrenador que utilizaba un complejo método para darles instrucciones
a sus dirigidos, basado en pañuelos de diferentes colores. Si el técnico agitaba uno de color azul, todos
debían ir al ataque. Por el contrario, si exhibía uno verde, los once tenían que defender. Y, si el pañuelo
elegido era rojo, “había que retener la pelota”. La novedosa estrategia se puso en práctica, pero las
cosas no salían nada bien: por más que el míster cambiaba los colores, los goles rivales caían uno tras
otro. Con el partido desfavorable por 5 a 1, Aurelio se acercó al banquillo y, dirigiéndose al técnico, le
sugirió:“¿Qué le parece si saca un pañuelo blanco y nos rendimos?".
Partido de infarto
Durante la semifinal Hungría-Uruguay del Mundial de Suiza 1954, disputada en Lausanne, se produjo un caso
extraordinario: un futbolista de Uruguay sufrió un paro cardíaco y, tras recibir una dosis de coramina —
un medicamento que estimula las funciones vasomotoras y respiratorias— siguió jugando.
El protagonista de la crítica situación fue el delantero Juan Hohberg, argentino de nacimiento y quien, curiosamente, había
comenzado su carrera como guardameta. Ganaba Hungría 2-0 pero Hohberg —quien ese día debutaba en la Celeste—
consiguió dos goles que le permitieron a Uruguay empatar el partido, a los 75 y 86 minutos. Cuando el atacante marcó el segundo,
sus compañeros se le echaron encima en la celebración y de la emoción sufrió un paro cardíaco. Fue reanimado por el kinesiólogo
Carlos Abate, quien le suministró coramina por la boca.
Cuando empezó la prórroga, seguía afuera, pero poco después volvió al campo y jugó hasta la
finalización del encuentro. En esa época todavía no estaban autorizados los cambios, y la escuadra
celeste no podía darse el lujo de resignar a nada porque, además del pase a la final, defendía una
impresionante racha invicta de 21 partidos entre Mundiales y Juegos Olímpicos. Sin embargo, durante la prórroga,
Sándor Kocsis marcó dos goles más para una Hungría que acabó redondeando un marcador de 4 a 2 que coronó, más que nunca, un
“partido de infarto”.
El técnico que dirigía con pañuelos de colores
El 17 de octubre de 1943 se disputó la primera jornada del flamante torneo profesional de México. Esta
nueva era del fútbol azteca, sostenida por mecenas acaudalados y grandes empresas, atrajo, como la
miel a las moscas, a muchos veteranos futbolistas argentinos, ávidos de ganar una buena suma para su
retiro. Uno de ellos fue el centrodelantero Marcos Aurelio, quien dejó Vélez Sarsfield para sumarse al
club León. Allí, Aurelio tuvo un entrenador que utilizaba un complejo método para darles instrucciones
a sus dirigidos, basado en pañuelos de diferentes colores. Si el técnico agitaba uno de color azul, todos
debían ir al ataque. Por el contrario, si exhibía uno verde, los once tenían que defender. Y, si el pañuelo
elegido era rojo, “había que retener la pelota”. La novedosa estrategia se puso en práctica, pero las
cosas no salían nada bien: por más que el míster cambiaba los colores, los goles rivales caían uno tras
otro. Con el partido desfavorable por 5 a 1, Aurelio se acercó al banquillo y, dirigiéndose al técnico, le
sugirió:“¿Qué le parece si saca un pañuelo blanco y nos rendimos?".
Partido de infarto
Durante la semifinal Hungría-Uruguay del Mundial de Suiza 1954, disputada en Lausanne, se produjo un caso
extraordinario: un futbolista de Uruguay sufrió un paro cardíaco y, tras recibir una dosis de coramina —
un medicamento que estimula las funciones vasomotoras y respiratorias— siguió jugando.
El protagonista de la crítica situación fue el delantero Juan Hohberg, argentino de nacimiento y quien, curiosamente, había
comenzado su carrera como guardameta. Ganaba Hungría 2-0 pero Hohberg —quien ese día debutaba en la Celeste—
consiguió dos goles que le permitieron a Uruguay empatar el partido, a los 75 y 86 minutos. Cuando el atacante marcó el segundo,
sus compañeros se le echaron encima en la celebración y de la emoción sufrió un paro cardíaco. Fue reanimado por el kinesiólogo
Carlos Abate, quien le suministró coramina por la boca.
Cuando empezó la prórroga, seguía afuera, pero poco después volvió al campo y jugó hasta la
finalización del encuentro. En esa época todavía no estaban autorizados los cambios, y la escuadra
celeste no podía darse el lujo de resignar a nada porque, además del pase a la final, defendía una
impresionante racha invicta de 21 partidos entre Mundiales y Juegos Olímpicos. Sin embargo, durante la prórroga,
Sándor Kocsis marcó dos goles más para una Hungría que acabó redondeando un marcador de 4 a 2 que coronó, más que nunca, un
“partido de infarto”.
Junior: ni sabes, ni quieres ni puedes.
Re: Historias del fútbol
Los 600 partidos de Wilfred, el portero a quien el Sevilla vigilaba el día que descubrió a Jesús Navas
El meta palaciego recuerda el inicio de la leyenda del equipo de Nervión y una trayectoria que los llevó por caminos distintos.
Este fin de semana no es uno más en el Sevilla. Jesús Navas vivirá un momento especial al poner punto y final a su extensa carrera como futbolista, que comenzó en los campos de albero de Los Palacios. Allí empezó a despegar la trayectoria de El Duende, cuando Pablo Blanco, entonces director de la cantera sevillista, acudió a vigilar a José Manuel Muñoz, Wilfred, un portero que destacaba en el equipo de la localidad y quedó prendado de las maniobras de un pequeñito que se desenvolvía como nadie en un terreno encharcado.
En la entidad de Nervión se manejaban informes de varios jóvenes de esa localidad cercana a Sevilla gracias a José Miguel Luque, un técnico que trabajó más de dos décadas en la cantera y que ejercía de profesor en el pueblo. Eso llevó a que Pablo Blanco presenciase en directo aquel partido junto a Antonio Romero, Manolete, amigo personal y sempiterno presidente del equipo palaciego. "Vino a verme a mí y a otros, pero le llamó la atención Jesús, que era el más chiquito y el que más destacaba en todos los campos. Era fácil verlo", señala Wilfred más de 24 años después, tras un recorrido como futbolista por multitud de equipos de Segunda B y Tercera hasta que una grave lesión de rodilla le obligó a retirarse del fútbol.
Del partido en el antiguo campo con pistas de atletismo de Los Palacios a la ciudad deportiva José Ramón Cisneros. "Cuando me dijeron que tenía que ir al Sevilla no dormí, estaba nervioso. Era la primera vez que salía de mi pueblo. Lo recuerdo como si fuera ayer. Primero entrené con Pepe Ortega, que era el preparador de los porteros. Tenía buena planta y me fue bien", rememora Wilfred, que pasaría la prueba junto a Jesús Navas para quedarse en los escalafones inferiores del Sevilla. El año de diferencia entre ambos provocó que pasaran a equipos distintos, quedando el portero con Ramón Tejada como entrenador del Cadete A y Jesús junto a Luque en el B.
Pero la relación entre ambos continuó tanto para los traslados desde Los Palacios -"algunas veces nos llevaba su padre o íbamos en autobús"- como luego en la residencia que el Sevilla le ponía a los jóvenes que venían de fuera. "Siempre ha sido tímido, pero con sus allegados no tenía problemas. El primer año fue más duro pero los recuerdos son bonitos", dice Wilfred, que vivió de cerca ese despegue de Jesús. "Al balón Mikasa le pegaba más fuerte que los grandes. No tenía cuerpo, pero sabía lo que tenía que hacer en el campo", señala el portero, que pasaría por el juvenil sevillista hasta llegar al filial. "Él jugaba siempre igual, no le importaba el sitio. Siempre destacó y lo ponían en categorías superiores que se le adaptaban mejor. Eso hizo que jugase muy poco en juveniles o en el filial. Tanto a él como Sergio Ramos por el potencial que tenían se veía que llegarían a la élite", dice Wilfred sobre ese ascenso meteórico de Jesús Navas, que lo llevó a debutar en el primer equipo un 23 de noviembre de 2003, con apenas 18 años recién cumplidos. "Es difícil llegar pero también mantenerse y los dos siguen ahí. Jesús era más calladito, pero dentro de un campo encara y te hace 10 jugadas. El físico lo ha tenido siempre, con nosotros ni sudaba. Lo ves ahora y dentro de 15 años estará igual, es su naturaleza. Sergio era un líder en la defensa, y mejoró con Javi (Navarro) y Pablo (Alfaro). Ha llegado por sus méritos, pero también ha sido inteligente y ha aprendido de los mejores para ser el mejor defensa del mundo", resalta sobre dos de sus excompañeros que sí alcanzaron la cima.
La vida futbolística de Wilfred empezó a tomar otro rumbo. Tras pasar por un Sevilla Atlético de gran nivel, el meta comenzó a buscarse la vida en esa otra realidad del fútbol de los equipos modestos. "Estuvimos a punto de subir. En ese filial coincidí con Marco Navas, Sergio Ramos, Dani Bautista, Bezares, José Serrano, Marañón, Óscar…", dice el meta, que pasó a foguearse en Tercera División hasta asentarse posteriormente en Segunda B. "He jugado seis liguillas, pero nunca ascendí", señala el portero, al que le faltó ese golpe de suerte para haber llegado al fútbol profesional. "Si Jesús tiene 900 partidos en Primera, yo siendo portero tengo 436 en Segunda B y otros 160 en Tercera. Desde 2004 me metí en la rueda. Me hubiera gustado acabar de otra manera, pero en el deporte algunos llegan a la élite y yo he aprendido mucho. Me he educado y soy mejor persona gracias al fútbol", comenta Wilfred.
El currículum del portero es todo un repaso al fútbol modesto español. De Cataluña a Castilla o Andalucía. Racing Portuense, Ejea, Guijuelo, Mirandés, Llagostera, Olot, Villanovense, Marbella, Nàstic o Poli Ejido han contado con Wilfred en su portería. "En cada club he mejorado como persona y futbolista. Todos me trataron bien, aunque me hubiera gustado acabar en Marbella, que fue donde mejor he estado y en un club que estaba haciendo las cosas bien. El deporte me ha compensado. Desde 2001 que me fui a Sevilla hasta 2021 con el accidente... Tengo que estar agradecido", comenta el portero, que aprendió a convivir con esas dificultades que aparecen en ese tipo de equipos: "En ese aspecto del dinero he tenido suerte, todos me pagaron antes o después. En esas categorías es complicado generar dinero si no eres un club potente. Cuando he cobrado tarde lo he entendido. Siempre he dicho que lo importante es que te ofrezcan lo que puedes ganar".

Wilfred junto a su entrenador, y Jesús Navas, abajo a la izquierda
Una lesión para decir adiós al fútbol
Tras 15 temporadas como portero de Segunda B, Wilfred tuvo que decir adiós tras sufrir una grave lesión que incluso hoy lo obliga a una dura rehabilitación. "He sido mejor portero ya con 30 años, antes cometía errores tontos", dice el palaciego, que apenas quiere recordar lo que sucedió en aquel partido entre el Poli Ejido y el CD Marino. "Apenas habían pasado 15 segundos de partido, cuando un balón en largo hacia Rivas obligaba al cancerbero de Los Palacios a salir hasta la zona de tres cuartos del campo celeste para cortar la prometedora carrera del delantero rival. Wilfred lograba su cometido y despeja el balón, con la mala suerte que el intento de golpeo de Rivas acababa impactando en la pierna del portero. De inmediato se disparaban las alarmas con Wilfred tendido sobre el césped y mostrando gestos de mucho dolor", recuerda la crónica de marbella24horas sobre aquel percance que significaría el adiós al fútbol del portero.
"Había visto a muchos compañeros sufrir lesiones graves, pero hasta que uno no lo vive no te das cuenta de el terror que es eso. Esa operación, el dolor que da durante 15 días que no puedes dormir, no te puedes mover. No sabía que una lesión de rodilla dolía tanto, ahora muchas veces estoy viendo un partido y cuando veo un balón dividido ni miro, echo la cabeza hacia atrás", comenta el palaciego, a quien los médicos ya le advirtieron de la gravedad de la lesión. "Lo primero que pregunté era si podría volver a jugar, aunque fuera en Preferente. El doctor me dijo: 'Lo tienes muy difícil, pero no para volver, sino para correr'. No he vuelto a hacerlo. Cuando lo he intentado, me da un pinchazo", dice el portero, que poco a poco fue asumiendo su nueva realidad: "Lo llevé mal. Veía que no podía ni doblar la pierna y que me operaban otra vez. Otros jugadores en un año están corriendo y yo no podía ni andar".
La última lección de vida para Wilfred apareció en ese momento, con ese adiós forzado al fútbol. "Cuando me di cuenta estaba metido en una depresión. Mi vida había sido siempre correr y hacer deporte, y ahora no podía. Con la ayuda del psicólogo pude salir adelante, si no me hubiera vuelto loco", afirma el portero, que reivindica ese trabajo mental como fundamental para los deportistas: "Al futbolista, en el nivel que sea, le hace falta ayuda. Estamos acostumbrados a entrenarnos y cuidar tu cuerpo durante años. Cuando eso termina parece que la vida se acaba. En mi primer año soñaba que todavía jugaba y luego no ponía ni el fútbol en la televisión. La ayuda psicológica es importante, si no, estaríamos perdidos. Te ayudan y ves que hay más vida fuera. Estoy agradecido al deporte, pero ahora tengo que enfocar mi vida a otra cosa que no sea eso".
https://www.relevo.com/futbol/liga-prim ... 31-nt.html
El meta palaciego recuerda el inicio de la leyenda del equipo de Nervión y una trayectoria que los llevó por caminos distintos.
Este fin de semana no es uno más en el Sevilla. Jesús Navas vivirá un momento especial al poner punto y final a su extensa carrera como futbolista, que comenzó en los campos de albero de Los Palacios. Allí empezó a despegar la trayectoria de El Duende, cuando Pablo Blanco, entonces director de la cantera sevillista, acudió a vigilar a José Manuel Muñoz, Wilfred, un portero que destacaba en el equipo de la localidad y quedó prendado de las maniobras de un pequeñito que se desenvolvía como nadie en un terreno encharcado.
En la entidad de Nervión se manejaban informes de varios jóvenes de esa localidad cercana a Sevilla gracias a José Miguel Luque, un técnico que trabajó más de dos décadas en la cantera y que ejercía de profesor en el pueblo. Eso llevó a que Pablo Blanco presenciase en directo aquel partido junto a Antonio Romero, Manolete, amigo personal y sempiterno presidente del equipo palaciego. "Vino a verme a mí y a otros, pero le llamó la atención Jesús, que era el más chiquito y el que más destacaba en todos los campos. Era fácil verlo", señala Wilfred más de 24 años después, tras un recorrido como futbolista por multitud de equipos de Segunda B y Tercera hasta que una grave lesión de rodilla le obligó a retirarse del fútbol.
Del partido en el antiguo campo con pistas de atletismo de Los Palacios a la ciudad deportiva José Ramón Cisneros. "Cuando me dijeron que tenía que ir al Sevilla no dormí, estaba nervioso. Era la primera vez que salía de mi pueblo. Lo recuerdo como si fuera ayer. Primero entrené con Pepe Ortega, que era el preparador de los porteros. Tenía buena planta y me fue bien", rememora Wilfred, que pasaría la prueba junto a Jesús Navas para quedarse en los escalafones inferiores del Sevilla. El año de diferencia entre ambos provocó que pasaran a equipos distintos, quedando el portero con Ramón Tejada como entrenador del Cadete A y Jesús junto a Luque en el B.
Pero la relación entre ambos continuó tanto para los traslados desde Los Palacios -"algunas veces nos llevaba su padre o íbamos en autobús"- como luego en la residencia que el Sevilla le ponía a los jóvenes que venían de fuera. "Siempre ha sido tímido, pero con sus allegados no tenía problemas. El primer año fue más duro pero los recuerdos son bonitos", dice Wilfred, que vivió de cerca ese despegue de Jesús. "Al balón Mikasa le pegaba más fuerte que los grandes. No tenía cuerpo, pero sabía lo que tenía que hacer en el campo", señala el portero, que pasaría por el juvenil sevillista hasta llegar al filial. "Él jugaba siempre igual, no le importaba el sitio. Siempre destacó y lo ponían en categorías superiores que se le adaptaban mejor. Eso hizo que jugase muy poco en juveniles o en el filial. Tanto a él como Sergio Ramos por el potencial que tenían se veía que llegarían a la élite", dice Wilfred sobre ese ascenso meteórico de Jesús Navas, que lo llevó a debutar en el primer equipo un 23 de noviembre de 2003, con apenas 18 años recién cumplidos. "Es difícil llegar pero también mantenerse y los dos siguen ahí. Jesús era más calladito, pero dentro de un campo encara y te hace 10 jugadas. El físico lo ha tenido siempre, con nosotros ni sudaba. Lo ves ahora y dentro de 15 años estará igual, es su naturaleza. Sergio era un líder en la defensa, y mejoró con Javi (Navarro) y Pablo (Alfaro). Ha llegado por sus méritos, pero también ha sido inteligente y ha aprendido de los mejores para ser el mejor defensa del mundo", resalta sobre dos de sus excompañeros que sí alcanzaron la cima.
La vida futbolística de Wilfred empezó a tomar otro rumbo. Tras pasar por un Sevilla Atlético de gran nivel, el meta comenzó a buscarse la vida en esa otra realidad del fútbol de los equipos modestos. "Estuvimos a punto de subir. En ese filial coincidí con Marco Navas, Sergio Ramos, Dani Bautista, Bezares, José Serrano, Marañón, Óscar…", dice el meta, que pasó a foguearse en Tercera División hasta asentarse posteriormente en Segunda B. "He jugado seis liguillas, pero nunca ascendí", señala el portero, al que le faltó ese golpe de suerte para haber llegado al fútbol profesional. "Si Jesús tiene 900 partidos en Primera, yo siendo portero tengo 436 en Segunda B y otros 160 en Tercera. Desde 2004 me metí en la rueda. Me hubiera gustado acabar de otra manera, pero en el deporte algunos llegan a la élite y yo he aprendido mucho. Me he educado y soy mejor persona gracias al fútbol", comenta Wilfred.
El currículum del portero es todo un repaso al fútbol modesto español. De Cataluña a Castilla o Andalucía. Racing Portuense, Ejea, Guijuelo, Mirandés, Llagostera, Olot, Villanovense, Marbella, Nàstic o Poli Ejido han contado con Wilfred en su portería. "En cada club he mejorado como persona y futbolista. Todos me trataron bien, aunque me hubiera gustado acabar en Marbella, que fue donde mejor he estado y en un club que estaba haciendo las cosas bien. El deporte me ha compensado. Desde 2001 que me fui a Sevilla hasta 2021 con el accidente... Tengo que estar agradecido", comenta el portero, que aprendió a convivir con esas dificultades que aparecen en ese tipo de equipos: "En ese aspecto del dinero he tenido suerte, todos me pagaron antes o después. En esas categorías es complicado generar dinero si no eres un club potente. Cuando he cobrado tarde lo he entendido. Siempre he dicho que lo importante es que te ofrezcan lo que puedes ganar".

Wilfred junto a su entrenador, y Jesús Navas, abajo a la izquierda
Una lesión para decir adiós al fútbol
Tras 15 temporadas como portero de Segunda B, Wilfred tuvo que decir adiós tras sufrir una grave lesión que incluso hoy lo obliga a una dura rehabilitación. "He sido mejor portero ya con 30 años, antes cometía errores tontos", dice el palaciego, que apenas quiere recordar lo que sucedió en aquel partido entre el Poli Ejido y el CD Marino. "Apenas habían pasado 15 segundos de partido, cuando un balón en largo hacia Rivas obligaba al cancerbero de Los Palacios a salir hasta la zona de tres cuartos del campo celeste para cortar la prometedora carrera del delantero rival. Wilfred lograba su cometido y despeja el balón, con la mala suerte que el intento de golpeo de Rivas acababa impactando en la pierna del portero. De inmediato se disparaban las alarmas con Wilfred tendido sobre el césped y mostrando gestos de mucho dolor", recuerda la crónica de marbella24horas sobre aquel percance que significaría el adiós al fútbol del portero.
"Había visto a muchos compañeros sufrir lesiones graves, pero hasta que uno no lo vive no te das cuenta de el terror que es eso. Esa operación, el dolor que da durante 15 días que no puedes dormir, no te puedes mover. No sabía que una lesión de rodilla dolía tanto, ahora muchas veces estoy viendo un partido y cuando veo un balón dividido ni miro, echo la cabeza hacia atrás", comenta el palaciego, a quien los médicos ya le advirtieron de la gravedad de la lesión. "Lo primero que pregunté era si podría volver a jugar, aunque fuera en Preferente. El doctor me dijo: 'Lo tienes muy difícil, pero no para volver, sino para correr'. No he vuelto a hacerlo. Cuando lo he intentado, me da un pinchazo", dice el portero, que poco a poco fue asumiendo su nueva realidad: "Lo llevé mal. Veía que no podía ni doblar la pierna y que me operaban otra vez. Otros jugadores en un año están corriendo y yo no podía ni andar".
La última lección de vida para Wilfred apareció en ese momento, con ese adiós forzado al fútbol. "Cuando me di cuenta estaba metido en una depresión. Mi vida había sido siempre correr y hacer deporte, y ahora no podía. Con la ayuda del psicólogo pude salir adelante, si no me hubiera vuelto loco", afirma el portero, que reivindica ese trabajo mental como fundamental para los deportistas: "Al futbolista, en el nivel que sea, le hace falta ayuda. Estamos acostumbrados a entrenarnos y cuidar tu cuerpo durante años. Cuando eso termina parece que la vida se acaba. En mi primer año soñaba que todavía jugaba y luego no ponía ni el fútbol en la televisión. La ayuda psicológica es importante, si no, estaríamos perdidos. Te ayudan y ves que hay más vida fuera. Estoy agradecido al deporte, pero ahora tengo que enfocar mi vida a otra cosa que no sea eso".
https://www.relevo.com/futbol/liga-prim ... 31-nt.html
Re: Historias del fútbol
El puñetazo más famoso del futbol español (hasta que llegó Villar)
“Sarriá, polvorín de emociones”, rezaba la portada de El Mundo Deportivo de Barcelona el domingo 5 de enero de 1969. El título iba acompañado de las fotos de Amancio y Marcial, figuras del Madrid y el Espanyol, que habían de enfrentarse en el viejo Sarriá.
Empezaba la segunda vuelta. El Madrid era líder invicto y el Español iba mal, a pesar de su lujosa delantera de Los Delfines (Amas, Marcial, Re, Rodilla y José María) lo más mentado de un equipo con otras figuras como Lico o Glaría. Creado por el audaz y polémico Vila Reyes para optar al título, había perdido sus siete salidas y dos partidos en casa.
Se jugó por la mañana por ser víspera de Reyes. Llovió toda la noche previa, aún llovía a la hora del partido. El Madrid (ye-yé) sufría una baja, Pirri, al que suplía José Luis, más que un suplente: un excelente jugador cuya posición ideal era fatalmente la de Pirri y que por ello se tuvo que buscar la vida en otras. Fue internacional como lateral y como extremo. Tenía una rara facilidad para el gol, por lo que Tony Leblanc le bautizó como Pepe El Goles en el diario AS.
El Espanyol empezó con brío y estrelló un balón en la escuadra de Betancort. Pero pronto se hizo el Madrid con el control gracias al enorme juego de su media, José Luis-Grosso-Velázquez. Amancio marcó antes del descanso.
En el 56′ Miguel Pérez, que estaba siendo muy perseguido por Riera y José María, se revuelve contra éste y le da un puñetazo que el árbitro Medina Iglesias no advierte. José María cae, se arma el remolino de costumbre, se levanta.
En el barullo de discusiones le pega un puntapié a José Luis en el tendón de Aquiles y ahora es el madridista el que cae al suelo. Medina expulsa a José María entre una gran bronca. José Luis se levanta, está hablando con Marcial cuando Riera se acerca, se cruzan insultos, le golpea en el estómago y José Luis le suelta un uno-dos impecable. Ahora el expulsado es José Luis.

La escena la recoge uno de los dos hermanos Pérez de Rozas (apellido legendario en el periodismo barcelonés por tres generaciones), Carlos o Enrique, que cubrían el partido para la agencia Cifra, bajo cuya firma se publicó. Parece pura escena de boxeo. Fue portada de todos los deportivos, abrió la sección de deportes de los diarios generalistas, ocupó generoso espacio en el telediario y se difundió profusamente en la prensa extranjera.
El Comité falla el miércoles: cuatro partidos a José Luis, otros tantos a José María por agresión, dos a Riera por producirse violentamente con un contrario y otros dos a Miguel Pérez por intento de agresión. A Medina Iglesias, le cae un mes de suspensión y pérdida de los derechos por ese partido por omisiones en el acta y falta de autoridad.
José Luis recuerda al detalle aquello con un lejano arrepentimiento: “Dejé a mi equipo con diez, íbamos ganando y acabamos empatados. Miguel Muñoz mi riñó, me dijo, ¿no vio que le estaban provocando?”. Y también con cierto humor: “Me llamaban Pepe Goles, los compañeros pasaron a llamarme Pepe K.O. La foto era buenísima, creo que al fotógrafo le dieron un premio de medio millón o algo así”.
Lo que más llamó la atención fue la corrección técnica del golpeo de José Luis y de la esquiva de Riera. Pedro Carrasco, el campeonísimo de la época, comentó en una entrevista que parecía boxeo real. “Me llegaron muchos periódicos del extranjero. Uno decía en inglés que en los campos de España además de fútbol se practicaba boxeo. Tengo por ahí recortes guardados. No es algo de lo que me sienta orgulloso, pero pasó. Entre Riera y yo no dejó rescoldo, los dos sabemos que esas cosas pasan en el fútbol”.
Fue el puñetazo más famoso del fútbol español. Hasta que llegó Villar.
“Sarriá, polvorín de emociones”, rezaba la portada de El Mundo Deportivo de Barcelona el domingo 5 de enero de 1969. El título iba acompañado de las fotos de Amancio y Marcial, figuras del Madrid y el Espanyol, que habían de enfrentarse en el viejo Sarriá.
Empezaba la segunda vuelta. El Madrid era líder invicto y el Español iba mal, a pesar de su lujosa delantera de Los Delfines (Amas, Marcial, Re, Rodilla y José María) lo más mentado de un equipo con otras figuras como Lico o Glaría. Creado por el audaz y polémico Vila Reyes para optar al título, había perdido sus siete salidas y dos partidos en casa.
Se jugó por la mañana por ser víspera de Reyes. Llovió toda la noche previa, aún llovía a la hora del partido. El Madrid (ye-yé) sufría una baja, Pirri, al que suplía José Luis, más que un suplente: un excelente jugador cuya posición ideal era fatalmente la de Pirri y que por ello se tuvo que buscar la vida en otras. Fue internacional como lateral y como extremo. Tenía una rara facilidad para el gol, por lo que Tony Leblanc le bautizó como Pepe El Goles en el diario AS.
El Espanyol empezó con brío y estrelló un balón en la escuadra de Betancort. Pero pronto se hizo el Madrid con el control gracias al enorme juego de su media, José Luis-Grosso-Velázquez. Amancio marcó antes del descanso.
En el 56′ Miguel Pérez, que estaba siendo muy perseguido por Riera y José María, se revuelve contra éste y le da un puñetazo que el árbitro Medina Iglesias no advierte. José María cae, se arma el remolino de costumbre, se levanta.
En el barullo de discusiones le pega un puntapié a José Luis en el tendón de Aquiles y ahora es el madridista el que cae al suelo. Medina expulsa a José María entre una gran bronca. José Luis se levanta, está hablando con Marcial cuando Riera se acerca, se cruzan insultos, le golpea en el estómago y José Luis le suelta un uno-dos impecable. Ahora el expulsado es José Luis.

La escena la recoge uno de los dos hermanos Pérez de Rozas (apellido legendario en el periodismo barcelonés por tres generaciones), Carlos o Enrique, que cubrían el partido para la agencia Cifra, bajo cuya firma se publicó. Parece pura escena de boxeo. Fue portada de todos los deportivos, abrió la sección de deportes de los diarios generalistas, ocupó generoso espacio en el telediario y se difundió profusamente en la prensa extranjera.
El Comité falla el miércoles: cuatro partidos a José Luis, otros tantos a José María por agresión, dos a Riera por producirse violentamente con un contrario y otros dos a Miguel Pérez por intento de agresión. A Medina Iglesias, le cae un mes de suspensión y pérdida de los derechos por ese partido por omisiones en el acta y falta de autoridad.
José Luis recuerda al detalle aquello con un lejano arrepentimiento: “Dejé a mi equipo con diez, íbamos ganando y acabamos empatados. Miguel Muñoz mi riñó, me dijo, ¿no vio que le estaban provocando?”. Y también con cierto humor: “Me llamaban Pepe Goles, los compañeros pasaron a llamarme Pepe K.O. La foto era buenísima, creo que al fotógrafo le dieron un premio de medio millón o algo así”.
Lo que más llamó la atención fue la corrección técnica del golpeo de José Luis y de la esquiva de Riera. Pedro Carrasco, el campeonísimo de la época, comentó en una entrevista que parecía boxeo real. “Me llegaron muchos periódicos del extranjero. Uno decía en inglés que en los campos de España además de fútbol se practicaba boxeo. Tengo por ahí recortes guardados. No es algo de lo que me sienta orgulloso, pero pasó. Entre Riera y yo no dejó rescoldo, los dos sabemos que esas cosas pasan en el fútbol”.
Fue el puñetazo más famoso del fútbol español. Hasta que llegó Villar.
Junior: ni sabes, ni quieres ni puedes.
Re: Historias del fútbol
Terremoto en la Liga: del descenso del Sevilla y el Celta a una Primera de 22 equipos
Hace 30 años, el máximo organismo del fútbol profesional decretó que los clubes hispalense y vigués bajaran a Segunda B. Ambas ciudades se echaron a la calle y lograron mantenerse en la élite
Martes, 1 de agosto de 1995. Esa es la fecha exacta del comienzo de una guerra deportivo-burocrática que desembocó en un condescendiente y chapucero armisticio. Lo sucedido hace ya 30 años es el primer capítulo del progresivo e irracional engorde del calendario futbolístico temporada tras temporada.
«Los Comités Deportivo y de Finanzas de la Liga Nacional de Fútbol Profesional (LNFP), presidida por Antonio Baró, que se reunieron para examinar la documentación presentada el lunes por los 40 equipos de Primera y Segunda división, han decidido no inscribir en la competición oficial al Sevilla y al Celta por no haber presentado los avales de la próxima temporada, lo que coloca a ambos equipos en Segunda B. El Albacete y el Valladolid (que acaban de descender) pueden hacer valer ahora el derecho a sustituirlos en Primera», informó entonces ABC.
«Ochenta y cinco millones pesetas (511.000 euros), la cifra que se corresponde con el aval que no ha presentado, dejan fuera de la Primera al Sevilla. Además, al conjunto hispalense le faltaba la auditoría, que llegó ayer a la Liga Nacional de Fútbol Profesional por fax fuera de plazo. El equipo presidido por Luis Cuervas, sin embargo, sí que podrá jugar la Copa de la UEFA (actual Europa League), pues es un derecho ganado en el terreno de juego en la temporada anterior. El Celta tampoco envió la documentación correctamente, ya que le ha faltado el aval para la próxima campaña, cuyo valor es de unos 45 millones de pesetas (270.500€). Ángeles Santos, gerente del club, aseguró que se había tratado de un 'error humano' a causa del cual fueron remitidos a la Liga los avales de la temporada 94-95», se abunda en el diario del 2 de agosto de 1995.
La noticia provocó sendos terremotos sociales en la capital andaluza y en Vigo. Miles de seguidores acudieron rápidamente a manifestarse ante las sedes de sus respectivos clubes. Un hincha sevillista resumió el sentimiento de estupor e impotencia de ambas aficiones: «Sólo la intervención de Felipe González (entonces presidente del Gobierno) puede arreglar esto. Porque se puede suscitar un grave problema de orden público». En idéntica línea, otro aficionado lanzó una exigencia y un aviso válidos por igual para las directivas de los dos equipos afectados: «Si no son capaces de remediarlo, que vayan pidiendo asilo político en otro país».
La impactante decisión de la LNFP movilizó a los máximos responsables de los diferentes estamentos de Sevilla y Vigo. 24 horas después del duro castigo futbolístico, directivos de ambos clubes viajaron con urgencia a Madrid para presentar en la Liga los correspondientes recursos. En realidad, no se fiaban del ente balompédico al que pertenecían, así que pidieron amparo al máximo organismo deportivo gubernamental, el Consejo Superior de Deportes (CSD). Le hicieron llegar también dichos recursos y le solicitaron la suspensión cautelar del descenso. Al frente del mismo figuraba Rafael Cortés Elvira. Su opinión inicial sobre el conflicto describe crudamente lo vivido aquellos días: «Los estudiaré (los recursos) con todo detenimiento. Mi responsabilidad es hacer cumplir la Ley y reconozco que esta será la decisión más difícil que debo tomar».
De hecho, al día siguiente el secretario de Estado para el Deporte tuvo que volver a comparecer públicamente. Su tono ya no fue tan cortés. Todo lo contrario. Harto de recibir presiones de políticos, instituciones y empresarios andaluces y gallegos, lanzó una seria advertencia: «Dejen de llamar, mandar fax o cartas porque no van a conseguir nada. Actuaremos dentro de la estricta legalidad, y no por las presiones que hagan». Para entonces ya jugaban también el partido de las influencias Albacete y Valladolid, cuyos respectivos clubes habían sido declarados oficialmente de Primera por la Liga en el puesto de los dos sancionados.
Fruto de ello, se sucedieron multitudinarias manifestaciones en las calles de las cuatro ciudades implicadas. Así lo contaba ABC: «Miles de aficionados del Sevilla se manifestaron entre el estadio Sánchez Pizjuán y el Ayuntamiento para protestar. La manifestación, de carácter espontáneo, congregó a más de veinte mil personas... Unas 20.000 personas se concentraron en Vigo para pedir el retorno del Celta a Primera... También hubo una concentración en Valladolid. Alrededor de 1.500 personas se manifestaron en la Plaza Mayor para pedir que se mantenga la decisión de la Liga de que el Valladolid juegue la próxima temporada en Primera».
Entre otras muestras de apoyo y consecuencias por el clamor popular, hubo encierro de peñas, dimitió Luis Cuervas, presidente del Sevilla, y el arzobispo de la capital andaluza, Carlos Amigo, se confesó «preocupado».
Y tras diez días de abrumadora y constante presión llegó el titular deseado por todos: «El CSD recomienda una Liga de 22 equipos». El 10 de agosto, el Gobierno desestima los recursos de Sevilla y Celta y da la razón a la LNFP, pero, literalmente «promueve que, de manera excepcional, la Liga estudie la posibilidad de crear una Primera división de 22 equipos. Es una decisión política que tiene que tomar el mundo del fútbol, en concordancia con esta realidad social. Hemos buscado un fallo que no cause conflicto a las aficiones. Es una mala solución, pero es la menos mala». Tal cual.
Una semana después, 16 de agosto, espectáculo surrealista en la sede madrileña de la Liga. Dentro y fuera del edificio: «La calle cortada y llena de seguidores del Celta — 40 autobuses— y del Sevilla con sus bufandas y banderas; la zona plagada de curiosos, vendedores de refrescos y agua y un calor de justicia: 38 grados». En el interior, tras cuatro horas y media de tensa Asamblea, los clubes decidieron por aclamación (sin votar) que habría 22 equipos en Primera durante las dos temporadas siguientes.
El nuevo formato amplió en cuatro jornadas el calendario local, con los consiguientes perjuicios de planificación deportiva para los clubes. Y menos mal que entonces las competiciones europeas aún no habían desarrollado el actual y desmesurado formato. En la edición de la Liga de Campeones de 1996-97 sólo participaron los 24 ganadores de sus respectivos torneos domésticos, el Atlético en el caso de España.
La Primera División ha llegado a estar formada por 10 equipos (seis años), 12 (4), 14 (9), 16 (21), 18 (16), 22 (2) y, sobre todo, 20 (36)
El asunto comenzó a complicarse al año siguiente, cuando por primera vez pudieron participar los subcampeones de las ocho ligas con mejor coeficiente UEFA. Real Madrid (campeón) y Barcelona (2º) jugaron en Europa, pero la Primera 97-98 ya volvió a tener 20 participantes.
Así, en junio de 1997, Logroñés, Hércules, Sevilla, Extremadura y Rayo descendieron a Segunda. Subieron Mérida, Salamanca y Mallorca, lo que certificó la reducción pactada dos años antes por los miembros de la LNFP. Pese a las voces que reclaman desde hace tiempo la mengua del interminable calendario competitivo, de las consideradas cinco grandes Ligas continentales —Inglaterra, España, Italia, Alemania y Francia—, solo la germana y la gala cuentan hoy con 18 equipos. En el resto compiten 20.
La UEFA, máximo organismo del fútbol europeo, ha ido ampliando progresivamente su torneo estrella, la Champions. En la 99-00 ya la jugaron 32 equipos, y la última edición estrenó formato inicial de liguilla en el que participaron 36 clubes.
La FIFA, máximo organismo del fútbol mundial, tiene un doble discurso. De vez en cuando, pide a las federaciones nacionales que recorten sus Ligas, pero la gran cita cuatrianual que ellos organizan, el Mundial de selecciones, crece y crece. Hasta el punto de que en 2026 casi medio centenar de países, 48 exactamente, competirán en el campeonato que se celebrará en Canadá, Estados Unidos y México.
https://www.abc.es/deportes/futbol/terr ... 03-nt.html
Hace 30 años, el máximo organismo del fútbol profesional decretó que los clubes hispalense y vigués bajaran a Segunda B. Ambas ciudades se echaron a la calle y lograron mantenerse en la élite
Martes, 1 de agosto de 1995. Esa es la fecha exacta del comienzo de una guerra deportivo-burocrática que desembocó en un condescendiente y chapucero armisticio. Lo sucedido hace ya 30 años es el primer capítulo del progresivo e irracional engorde del calendario futbolístico temporada tras temporada.
«Los Comités Deportivo y de Finanzas de la Liga Nacional de Fútbol Profesional (LNFP), presidida por Antonio Baró, que se reunieron para examinar la documentación presentada el lunes por los 40 equipos de Primera y Segunda división, han decidido no inscribir en la competición oficial al Sevilla y al Celta por no haber presentado los avales de la próxima temporada, lo que coloca a ambos equipos en Segunda B. El Albacete y el Valladolid (que acaban de descender) pueden hacer valer ahora el derecho a sustituirlos en Primera», informó entonces ABC.
«Ochenta y cinco millones pesetas (511.000 euros), la cifra que se corresponde con el aval que no ha presentado, dejan fuera de la Primera al Sevilla. Además, al conjunto hispalense le faltaba la auditoría, que llegó ayer a la Liga Nacional de Fútbol Profesional por fax fuera de plazo. El equipo presidido por Luis Cuervas, sin embargo, sí que podrá jugar la Copa de la UEFA (actual Europa League), pues es un derecho ganado en el terreno de juego en la temporada anterior. El Celta tampoco envió la documentación correctamente, ya que le ha faltado el aval para la próxima campaña, cuyo valor es de unos 45 millones de pesetas (270.500€). Ángeles Santos, gerente del club, aseguró que se había tratado de un 'error humano' a causa del cual fueron remitidos a la Liga los avales de la temporada 94-95», se abunda en el diario del 2 de agosto de 1995.
La noticia provocó sendos terremotos sociales en la capital andaluza y en Vigo. Miles de seguidores acudieron rápidamente a manifestarse ante las sedes de sus respectivos clubes. Un hincha sevillista resumió el sentimiento de estupor e impotencia de ambas aficiones: «Sólo la intervención de Felipe González (entonces presidente del Gobierno) puede arreglar esto. Porque se puede suscitar un grave problema de orden público». En idéntica línea, otro aficionado lanzó una exigencia y un aviso válidos por igual para las directivas de los dos equipos afectados: «Si no son capaces de remediarlo, que vayan pidiendo asilo político en otro país».
La impactante decisión de la LNFP movilizó a los máximos responsables de los diferentes estamentos de Sevilla y Vigo. 24 horas después del duro castigo futbolístico, directivos de ambos clubes viajaron con urgencia a Madrid para presentar en la Liga los correspondientes recursos. En realidad, no se fiaban del ente balompédico al que pertenecían, así que pidieron amparo al máximo organismo deportivo gubernamental, el Consejo Superior de Deportes (CSD). Le hicieron llegar también dichos recursos y le solicitaron la suspensión cautelar del descenso. Al frente del mismo figuraba Rafael Cortés Elvira. Su opinión inicial sobre el conflicto describe crudamente lo vivido aquellos días: «Los estudiaré (los recursos) con todo detenimiento. Mi responsabilidad es hacer cumplir la Ley y reconozco que esta será la decisión más difícil que debo tomar».
De hecho, al día siguiente el secretario de Estado para el Deporte tuvo que volver a comparecer públicamente. Su tono ya no fue tan cortés. Todo lo contrario. Harto de recibir presiones de políticos, instituciones y empresarios andaluces y gallegos, lanzó una seria advertencia: «Dejen de llamar, mandar fax o cartas porque no van a conseguir nada. Actuaremos dentro de la estricta legalidad, y no por las presiones que hagan». Para entonces ya jugaban también el partido de las influencias Albacete y Valladolid, cuyos respectivos clubes habían sido declarados oficialmente de Primera por la Liga en el puesto de los dos sancionados.
Fruto de ello, se sucedieron multitudinarias manifestaciones en las calles de las cuatro ciudades implicadas. Así lo contaba ABC: «Miles de aficionados del Sevilla se manifestaron entre el estadio Sánchez Pizjuán y el Ayuntamiento para protestar. La manifestación, de carácter espontáneo, congregó a más de veinte mil personas... Unas 20.000 personas se concentraron en Vigo para pedir el retorno del Celta a Primera... También hubo una concentración en Valladolid. Alrededor de 1.500 personas se manifestaron en la Plaza Mayor para pedir que se mantenga la decisión de la Liga de que el Valladolid juegue la próxima temporada en Primera».
Entre otras muestras de apoyo y consecuencias por el clamor popular, hubo encierro de peñas, dimitió Luis Cuervas, presidente del Sevilla, y el arzobispo de la capital andaluza, Carlos Amigo, se confesó «preocupado».
Y tras diez días de abrumadora y constante presión llegó el titular deseado por todos: «El CSD recomienda una Liga de 22 equipos». El 10 de agosto, el Gobierno desestima los recursos de Sevilla y Celta y da la razón a la LNFP, pero, literalmente «promueve que, de manera excepcional, la Liga estudie la posibilidad de crear una Primera división de 22 equipos. Es una decisión política que tiene que tomar el mundo del fútbol, en concordancia con esta realidad social. Hemos buscado un fallo que no cause conflicto a las aficiones. Es una mala solución, pero es la menos mala». Tal cual.
Una semana después, 16 de agosto, espectáculo surrealista en la sede madrileña de la Liga. Dentro y fuera del edificio: «La calle cortada y llena de seguidores del Celta — 40 autobuses— y del Sevilla con sus bufandas y banderas; la zona plagada de curiosos, vendedores de refrescos y agua y un calor de justicia: 38 grados». En el interior, tras cuatro horas y media de tensa Asamblea, los clubes decidieron por aclamación (sin votar) que habría 22 equipos en Primera durante las dos temporadas siguientes.
El nuevo formato amplió en cuatro jornadas el calendario local, con los consiguientes perjuicios de planificación deportiva para los clubes. Y menos mal que entonces las competiciones europeas aún no habían desarrollado el actual y desmesurado formato. En la edición de la Liga de Campeones de 1996-97 sólo participaron los 24 ganadores de sus respectivos torneos domésticos, el Atlético en el caso de España.
La Primera División ha llegado a estar formada por 10 equipos (seis años), 12 (4), 14 (9), 16 (21), 18 (16), 22 (2) y, sobre todo, 20 (36)
El asunto comenzó a complicarse al año siguiente, cuando por primera vez pudieron participar los subcampeones de las ocho ligas con mejor coeficiente UEFA. Real Madrid (campeón) y Barcelona (2º) jugaron en Europa, pero la Primera 97-98 ya volvió a tener 20 participantes.
Así, en junio de 1997, Logroñés, Hércules, Sevilla, Extremadura y Rayo descendieron a Segunda. Subieron Mérida, Salamanca y Mallorca, lo que certificó la reducción pactada dos años antes por los miembros de la LNFP. Pese a las voces que reclaman desde hace tiempo la mengua del interminable calendario competitivo, de las consideradas cinco grandes Ligas continentales —Inglaterra, España, Italia, Alemania y Francia—, solo la germana y la gala cuentan hoy con 18 equipos. En el resto compiten 20.
La UEFA, máximo organismo del fútbol europeo, ha ido ampliando progresivamente su torneo estrella, la Champions. En la 99-00 ya la jugaron 32 equipos, y la última edición estrenó formato inicial de liguilla en el que participaron 36 clubes.
La FIFA, máximo organismo del fútbol mundial, tiene un doble discurso. De vez en cuando, pide a las federaciones nacionales que recorten sus Ligas, pero la gran cita cuatrianual que ellos organizan, el Mundial de selecciones, crece y crece. Hasta el punto de que en 2026 casi medio centenar de países, 48 exactamente, competirán en el campeonato que se celebrará en Canadá, Estados Unidos y México.
https://www.abc.es/deportes/futbol/terr ... 03-nt.html
Re: Historias del fútbol
Cuando el Betis jugó como local en el Sánchez-Pizjuán

Betis y Sevilla, Sevilla y Betis. Una rivalidad centenaria que traspasa fronteras. Pocas ciudades tienen el honor de vivir el derbi con la guasa inherente al carácter sevillano. Amigos, parientes o novios, los lazos se toman una tregua cuando el balón echa a rodar en el Benito Villamarín o en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Pero en algunas ocasiones, la sevillanía se impone a la rivalidad. Una de las más curiosas fue en 1980.
Aquel verano, el Real Betis Balompié acometió las obras de su estadio con el fin de construir una nueva grada para los dos partidos que albergaría en el Mundial de España 1982. Dicha reforma fue encargada a la empresa Dragados y Construcciones, que el 6 de junio ejecutó la voladura de la Tribuna de Fondo y el 18 del mismo mes, la de Preferencia, las únicas en pie del Stadium de la Exposición. Pero una huelga indefinida de trabajadores durante los meses estivales paralizó la construcción, y al Betis se le echó el tiempo encima.
Tanto fue así que el conjunto verdiblanco solicitó jugar los tres primeros partidos de la temporada fuera de casa. Tras varias negociaciones, lo consiguió, cambiando el orden de los encuentros contra Valencia y Osasuna, que visitarían Heliópolis en la segunda y tercera jornada, pero el Betis debía jugar la cuarta y la sexta como local. En aquella época, sólo había dos estadios en la ciudad, pues faltaban casi veinte años para que el Olímpico de la Cartuja abriera sus puertas. Y entonces el Sevilla FC apareció en la ecuación.
El Betis solicitó al Sevilla la cesión del Sánchez-Pizjuán para disputar el partido ante Las Palmas, tras haberlo puesto en conocimiento de la Federación, a lo que la junta directiva del club sevillista lo aceptó de buen gusto. Fue el 28 de septiembre y, bajo unas condiciones climáticas poco apacibles, el cuadro verdiblanco se impuso por 4-1 a los insulares con goles de Biosca, Segundo y dos tantos de Diarte. Las obras seguían su cauce y tampoco estarían a tiempo para la jornada seis ante el Atlético de Madrid, que tendría lugar el 12 de octubre. Aquella negociación entre Juan Manuel Mauduit y Eugenio Montes Cabeza, presidentes de Betis y Sevilla respectivamente, fue más dura que la primera. El club de Nervión estaba inmerso en los actos de conmemoración del 75 aniversario y la tarde del partido estaba reservada para el partido del Sevilla Atlético.

La Federación comunicó al Betis la imposibilidad de aplazar el partido y les emplazaba para jugar como locales el 12 de octubre, tal y como estaba previsto. Así las cosas, volvieron a reunirse las directivas de Betis y Sevilla. No fueron pocos los ofrecimientos de otros clubes para albergar el partido, pero los estadios de Cádiz, Málaga y Huelva eran demasiado pequeños y el Santiago Bernabéu, cedido por el Real Madrid, quedaba muy lejos para un desplazamiento.
Sin embargo, el presidente del Betis tenía un as en la manga. Aprovechando el partido de Copa del Rey entre el Sevilla FC y el Betis Deportivo, Mauduit le prometió a Montes Cabeza que dicho encuentro se disputaría en el Benito Villamarín y no en Piscinas Sevilla, donde el filial del Betis jugaba como local. La directiva del Sevilla dio el visto bueno y volvió a ceder su estadio al eterno rival. En esa ocasión, la afición bética llenó el Sánchez-Pizjuán con cuarenta mil espectadores, pero el Betis cayó por 0-1 ante el Atlético de Madrid, no sin antes desplegar una pancarta que rezaba: La afición bética agradece al Sevilla FC la gentileza tenida al cedernos su campo.
La puesta de largo del ya remodelado Benito Villamarín tendría lugar el 5 de noviembre de 1980 contra el Cosmos de Nueva York, donde habían militado Pelé y Beckenbauer, y que se saldó con empate a tres. Aunque, en realidad, no fue esta la única vez que el Betis jugó en feudo sevillista. El único precedente databa de 1939, cuando el equipo verdiblanco jugó tres partidos del Campeonato de Andalucía como local en el viejo Nervión, dado que el estadio de Heliópolis quedó muy dañado por la Guerra Civil. Hoy, más de cuarenta años después, nunca jamás ha vuelto a repetirse una circunstancia así.

Fuente: José Angel Rios

Betis y Sevilla, Sevilla y Betis. Una rivalidad centenaria que traspasa fronteras. Pocas ciudades tienen el honor de vivir el derbi con la guasa inherente al carácter sevillano. Amigos, parientes o novios, los lazos se toman una tregua cuando el balón echa a rodar en el Benito Villamarín o en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Pero en algunas ocasiones, la sevillanía se impone a la rivalidad. Una de las más curiosas fue en 1980.
Aquel verano, el Real Betis Balompié acometió las obras de su estadio con el fin de construir una nueva grada para los dos partidos que albergaría en el Mundial de España 1982. Dicha reforma fue encargada a la empresa Dragados y Construcciones, que el 6 de junio ejecutó la voladura de la Tribuna de Fondo y el 18 del mismo mes, la de Preferencia, las únicas en pie del Stadium de la Exposición. Pero una huelga indefinida de trabajadores durante los meses estivales paralizó la construcción, y al Betis se le echó el tiempo encima.
Tanto fue así que el conjunto verdiblanco solicitó jugar los tres primeros partidos de la temporada fuera de casa. Tras varias negociaciones, lo consiguió, cambiando el orden de los encuentros contra Valencia y Osasuna, que visitarían Heliópolis en la segunda y tercera jornada, pero el Betis debía jugar la cuarta y la sexta como local. En aquella época, sólo había dos estadios en la ciudad, pues faltaban casi veinte años para que el Olímpico de la Cartuja abriera sus puertas. Y entonces el Sevilla FC apareció en la ecuación.
El Betis solicitó al Sevilla la cesión del Sánchez-Pizjuán para disputar el partido ante Las Palmas, tras haberlo puesto en conocimiento de la Federación, a lo que la junta directiva del club sevillista lo aceptó de buen gusto. Fue el 28 de septiembre y, bajo unas condiciones climáticas poco apacibles, el cuadro verdiblanco se impuso por 4-1 a los insulares con goles de Biosca, Segundo y dos tantos de Diarte. Las obras seguían su cauce y tampoco estarían a tiempo para la jornada seis ante el Atlético de Madrid, que tendría lugar el 12 de octubre. Aquella negociación entre Juan Manuel Mauduit y Eugenio Montes Cabeza, presidentes de Betis y Sevilla respectivamente, fue más dura que la primera. El club de Nervión estaba inmerso en los actos de conmemoración del 75 aniversario y la tarde del partido estaba reservada para el partido del Sevilla Atlético.

La Federación comunicó al Betis la imposibilidad de aplazar el partido y les emplazaba para jugar como locales el 12 de octubre, tal y como estaba previsto. Así las cosas, volvieron a reunirse las directivas de Betis y Sevilla. No fueron pocos los ofrecimientos de otros clubes para albergar el partido, pero los estadios de Cádiz, Málaga y Huelva eran demasiado pequeños y el Santiago Bernabéu, cedido por el Real Madrid, quedaba muy lejos para un desplazamiento.
Sin embargo, el presidente del Betis tenía un as en la manga. Aprovechando el partido de Copa del Rey entre el Sevilla FC y el Betis Deportivo, Mauduit le prometió a Montes Cabeza que dicho encuentro se disputaría en el Benito Villamarín y no en Piscinas Sevilla, donde el filial del Betis jugaba como local. La directiva del Sevilla dio el visto bueno y volvió a ceder su estadio al eterno rival. En esa ocasión, la afición bética llenó el Sánchez-Pizjuán con cuarenta mil espectadores, pero el Betis cayó por 0-1 ante el Atlético de Madrid, no sin antes desplegar una pancarta que rezaba: La afición bética agradece al Sevilla FC la gentileza tenida al cedernos su campo.
La puesta de largo del ya remodelado Benito Villamarín tendría lugar el 5 de noviembre de 1980 contra el Cosmos de Nueva York, donde habían militado Pelé y Beckenbauer, y que se saldó con empate a tres. Aunque, en realidad, no fue esta la única vez que el Betis jugó en feudo sevillista. El único precedente databa de 1939, cuando el equipo verdiblanco jugó tres partidos del Campeonato de Andalucía como local en el viejo Nervión, dado que el estadio de Heliópolis quedó muy dañado por la Guerra Civil. Hoy, más de cuarenta años después, nunca jamás ha vuelto a repetirse una circunstancia así.

Fuente: José Angel Rios
Junior: ni sabes, ni quieres ni puedes.